{"id":2033,"date":"2026-04-13T21:54:13","date_gmt":"2026-04-13T21:54:13","guid":{"rendered":"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/?p=2033"},"modified":"2026-04-14T17:01:57","modified_gmt":"2026-04-14T17:01:57","slug":"la-hoja-de-coca-frente-a-la-guerra-contra-las-drogas-crnica-de-una-planta-perseguida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/en\/la-hoja-de-coca-frente-a-la-guerra-contra-las-drogas-crnica-de-una-planta-perseguida\/","title":{"rendered":"La hoja de coca frente a la guerra contra las drogas: cr\u00f3nica de una planta perseguida"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2052\" src=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/cocaitstherapeut00mari_orig_0020-e1776132108961.png\" alt=\"\" width=\"612\" height=\"281\" srcset=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/cocaitstherapeut00mari_orig_0020-e1776132108961.png 1280w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/cocaitstherapeut00mari_orig_0020-e1776132108961-300x138.png 300w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/cocaitstherapeut00mari_orig_0020-e1776132108961-1024x470.png 1024w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/cocaitstherapeut00mari_orig_0020-e1776132108961-768x353.png 768w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/cocaitstherapeut00mari_orig_0020-e1776132108961-18x8.png 18w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/cocaitstherapeut00mari_orig_0020-e1776132108961-600x276.png 600w\" sizes=\"(max-width: 612px) 100vw, 612px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>Por Eugenio Figueroa\u00b9<\/b><\/p>\n<p>A primeras, la coca no es una planta particularmente impresionante. No tiene la grandiosidad de una araucaria, ni la solemnidad del roble; no se levanta como una promesa vertical en medio del paisaje. Es, m\u00e1s bien, un arbusto humilde, discreto, casi silencioso. Sus hojas son verdes respiros antiguos. Y sin embargo, durante milenios, esas hojas han sostenido civilizaciones enteras. Han acompa\u00f1ado el trabajo, la enfermedad, el hambre, el duelo, la celebraci\u00f3n, el viaje y la fe. Han sido medicina, alimento, s\u00edmbolo, moneda, or\u00e1culo, v\u00ednculo espiritual y puente con la tierra. Hoy, esa misma planta es tratada como un enemigo global.<\/p>\n<p>La historia de la hoja de coca es tambi\u00e9n la historia de una injusticia que se perpetua desde hace m\u00e1s de seis d\u00e9cadas. Es la historia de una guerra declarada contra una planta, contra una cultura y contra una forma de entender el mundo. En el contexto de la llamada \u00abguerra contra las drogas\u00bb, la coca ha sido arrancada de su territorio simb\u00f3lico-relacional y convertida en un objeto de crimen. Pero esta transformaci\u00f3n no fue casual: fue una decisi\u00f3n pol\u00edtica, ideol\u00f3gica y profundamente marcada por prejuicios coloniales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>I.<\/b> <b>Una planta sagrada: la coca en la cultura andina y amaz\u00f3nica<\/b><\/p>\n<p class=\"p2\">Mucho antes de que existiera el concepto de estupefaciente, mucho antes de que se inventaran las convenciones internacionales y los comit\u00e9s de expertos, la coca ya estaba presente en la vida cotidiana de los pueblos andinos y amaz\u00f3nicos. No era un objeto marginal ni un h\u00e1bito menor: estaba profundamente incorporado en la cultura.<\/p>\n<p class=\"p2\">En los Andes, la coca era (y es) una forma de conversaci\u00f3n. Se ofrec\u00eda antes de hablar, antes de negociar, antes de pedir ayuda. Era un gesto de respeto. Era una forma de reconocer al otro. La hoja no se entend\u00eda como un mero est\u00edmulo qu\u00edmico, sino como una relaci\u00f3n simb\u00f3lica. La coca estaba presente en los rituales agr\u00edcolas, en los nacimientos, en los funerales, en los momentos de enfermedad y en los viajes largos por la cordillera.<\/p>\n<p class=\"p2\">En el Amazonas la hoja toma forma de mambe, una preparaci\u00f3n de harina de coca con ceniza, que los habitantes de la selva ponen en su boca para acceder a la \u201cpalabra dulce\u201d, con la que trenzan largas conversaciones en torno a los asuntos comunitarios.<\/p>\n<p class=\"p2\">Durante miles de a\u00f1os, la coca fue parte de una econom\u00eda compleja basada en el equilibrio vertical de los territorios andino-amaz\u00f3nicos. Las comunidades de altura intercambiaban productos con las comunidades de tierras bajas, y en ese sistema de trueque la coca cumpl\u00eda un rol central. Era, al mismo tiempo, alimento energ\u00e9tico, medicina y moneda vegetal. Con ella, familias enteras acompa\u00f1aban las condiciones extremas. Con ella, el trabajo en la altura no se convert\u00eda en hostil f\u00edsico permanente.<\/p>\n<p class=\"p2\">La relaci\u00f3n entre la coca y los pueblos andino-amaz\u00f3nicos no puede reducirse a un efecto farmacol\u00f3gico. La coca forma parte de una cosmolog\u00eda. Representa la continuidad entre el cuerpo humano y la tierra. Es una planta que no se impone: acompa\u00f1a. No estimula violentamente: sostiene. No aliena: conecta. En muchas comunidades, la coca es considerada un ser vivo con voluntad propia, dotada de agencia e inteligencia, una mediadora entre los humanos y el mundo espiritual. Por eso fue reverenciada, por eso fue protegida, y por eso sobrevivi\u00f3 incluso a la violencia de la conquista.<\/p>\n<p class=\"p2\">Cuando los conquistadores llegaron a Am\u00e9rica, observaron que la coca no pod\u00eda ser eliminada f\u00e1cilmente. Intentaron prohibirla porque la asociaban a pr\u00e1cticas religiosas ind\u00edgenas. La consideraban una superstici\u00f3n. La consideraban peligrosa porque fortalec\u00eda la identidad cultural de los pueblos a someter. Sin embargo, la propia econom\u00eda colonial termin\u00f3 dependiendo de ella: los trabajadores ind\u00edgenas en las minas y en los campos no pod\u00edan sobrevivir sin coca. As\u00ed, la planta fue tolerada (y permitida por la corona en oposici\u00f3n directa a la iglesia) por conveniencia econ\u00f3mica pero despreciada por prejuicio cultural. Esa contradicci\u00f3n se mantuvo durante siglos.<\/p>\n<p class=\"p2\">Lo que hoy se llama \u00abconsumo tradicional\u00bb no es un h\u00e1bito primitivo ni tampoco un residuo cultural: es una tecnolog\u00eda refinada durante milenios. La coca permiti\u00f3 sostener sistemas agr\u00edcolas complejos, rutas comerciales extensas y formas de organizaci\u00f3n comunitaria profundamente solidarias. Es una planta que permiti\u00f3 sobrevivir en uno de los territorios m\u00e1s dif\u00edciles del planeta. Por eso su importancia no puede medirse en t\u00e9rminos \u00fanicamente qu\u00edmicos: debe medirse tambi\u00e9n en t\u00e9rminos culturales, hist\u00f3ricos y humanos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>II. El error hist\u00f3rico: c\u00f3mo la hoja de coca fue incluida en la Lista I<\/b><\/p>\n<p class=\"p2\">La inclusi\u00f3n de la hoja de coca en la Lista I de estupefacientes no fue el resultado de una investigaci\u00f3n cient\u00edfica rigurosa. Fue, en gran medida, el resultado de prejuicios raciales, de ignorancia cultural y de una visi\u00f3n profundamente colonial del mundo.<\/p>\n<p class=\"p2\">En la d\u00e9cada de 1950, el Comit\u00e9 de Expertos de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS) tom\u00f3 una decisi\u00f3n que marcar\u00eda el destino de millones de personas. Se afirm\u00f3 que el consumo tradicional de coca era perjudicial para la salud, que provocaba degeneraci\u00f3n moral y que era una de las causas del atraso de los pueblos ind\u00edgenas. Estas afirmaciones no estaban basadas en estudios serios ni en investigaciones profundas. Estaban basadas en observaciones superficiales, en estereotipos raciales y en una incomprensi\u00f3n total del contexto cultural en el que la coca era utilizada.<\/p>\n<p class=\"p3\"><i>\u201cEl indio que no mastica hoja de coca es l\u00facido, inteligente y alegre, dispuesto al trabajo, vigoroso y resistente a las enfermedades; el coquero, por el contrario, es ab\u00falico, ap\u00e1tico, perezoso, insensible a su entorno, su mente est\u00e1 ofuscada; sus reacciones emocionales son raras y violentas, est\u00e1 moral e intelectualmente \u2018anestesiado\u2019, socialmente sometido, casi un esclavo. [&#8230;] La degeneraci\u00f3n moral acompa\u00f1a a la f\u00edsica; la mentira es una de las caracter\u00edsticas sobresalientes, probablemente debida a la falta de equilibrio moral. La criminalidad es elevada, y las formas b\u00e1rbaras de homicidio s\u00f3lo pueden explicarse por una cierta insensibilidad moral. No cabe duda de que el h\u00e1bito de masticar hojas de coca es una de las razones m\u00e1s poderosas del atraso y la miseria de la poblaci\u00f3n india<\/i>\u201d.<\/p>\n<p class=\"p2\">Estas reflexiones son de Osvaldo Wolff, quien en 1952 y 1954, fue secretario del Comit\u00e9 de Expertos de la OMS. As\u00ed, algunos de los documentos que sustentaron la decisi\u00f3n de prohibir la planta contienen afirmaciones que hoy resultan abiertamente racistas. Se describ\u00eda a los consumidores de coca como personas ap\u00e1ticas, moralmente degeneradas, incapaces de desarrollarse intelectualmente. Se asociaba el consumo tradicional con la pobreza, como si la pobreza fuera una consecuencia de la coca y no del sistema colonial que hab\u00eda destruido las econom\u00edas ind\u00edgenas.<\/p>\n<p class=\"p2\">Este mismo falaz argumento circular se repite a lo largo de la historia: (1) cierta gente es despreciable porque consume tal droga; (2) cierta gente consume tal droga porque es despreciable (Antonio Escohotado, 1998). Las razones de esta asociaci\u00f3n binomial gente-droga no eran simples ret\u00f3ricas inocentes, sino narrativas personalizadas articuladas por grupos de poder para marginalizar al \u201cotro\u201d.<\/p>\n<p class=\"p2\">Lo m\u00e1s grave es que la decisi\u00f3n se tom\u00f3 sin escuchar a las comunidades que utilizaban la planta. No se consult\u00f3 a los pueblos andino-amaz\u00f3nicos. No se estudi\u00f3 la historia cultural de la planta. No se investigaron sus usos medicinales tradicionales. Bastaba caminar una tarde por el Cusco para entender que la afirmaci\u00f3n de Wolff es absolutamente falsa. Bastaba leer un poco de los textos de Unanue, Monge, Cabieses o Mortimer para al menos dudar de la veracidad de lo decretado por la OMS. Bastaba quiz\u00e1s con llevar algunas hojas de coca a la boca para entender que la prohibici\u00f3n de la planta no es sino una cruel estrategia para un etnocidio sofisticado.<\/p>\n<p class=\"p2\">En lugar de eso, se aplic\u00f3 un modelo europeo de comprensi\u00f3n de las drogas a una realidad completamente distinta. Fue una forma de violencia epistemol\u00f3gica: se ignor\u00f3 el conocimiento tradicional y se impuso una interpretaci\u00f3n externa. Se hizo vista gorda a todo un contexto cultural en que la planta no era problem\u00e1tica (sino todo lo contrario, un regalo divino), y se impuso una visi\u00f3n pseudocient\u00edfica que esgrim\u00eda argumentos de salud p\u00fablica para las naciones cocain\u00f3manas del norte.<\/p>\n<p class=\"p2\">La Convenci\u00f3n \u00danica de Estupefacientes celebrada el a\u00f1o 1961 consolid\u00f3 este error. All\u00ed, la OMS incluy\u00f3 a la planta en la lista de sustancias m\u00e1s peligrosas a prohibir junto con la hero\u00edna y la coca\u00edna, unific\u00e1ndolas como si todas fueran lo mismo: estupefacientes. Se ignor\u00f3 una diferencia fundamental: la coca es una planta; la coca\u00edna es un derivado. Si bien la hoja contiene coca\u00edna en baja concentraci\u00f3n, obtener el clorhidrato de coca\u00edna (lo que se conoce vulgarmente como coca\u00edna) requiere un proceso de extracci\u00f3n. Confundir la planta con el polvo blanco fue un acto de simplificaci\u00f3n brutal. Sin embargo, esa confusi\u00f3n se convirti\u00f3 en la base de la pol\u00edtica internacional de drogas hasta el d\u00eda de hoy.<\/p>\n<p class=\"p2\">La inclusi\u00f3n de la planta en la Lista I no fue un accidente. Fue el resultado de una mirada que no pod\u00eda aceptar que un conocimiento ind\u00edgena pudiera ser leg\u00edtimo. Fue el resultado de una mentalidad que ve\u00eda a los pueblos andinos como atrasados y que consideraba que su cultura deb\u00eda ser corregida. Fue, en definitiva, una forma moderna de colonialismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>III. La guerra contra las drogas en Sudam\u00e9rica: una tragedia anunciada<\/b><\/p>\n<p class=\"p2\">Una vez que la coca fue declarada ilegal, la guerra contra las drogas encontr\u00f3 su enemigo perfecto. Era una planta concreta, cultivada en territorios \u201cpobres\u201d, asociada a pueblos hist\u00f3ricamente marginados. Era f\u00e1cil convertirla en s\u00edmbolo del mal. Pero lo que vino despu\u00e9s no fue una soluci\u00f3n: fue una cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p class=\"p2\">La erradicaci\u00f3n forzada de cultivos destruy\u00f3 econom\u00edas locales enteras. Familias que durante generaciones hab\u00edan cultivado la planta para su consumo o para intercambio fueron criminalizadas de la noche a la ma\u00f1ana. El campesino se convirti\u00f3 en c\u00f3mplice. El agricultor, en enemigo. Y el territorio andino-amaz\u00f3nico se convirti\u00f3 en un campo de batalla.<\/p>\n<p class=\"p2\">Las campa\u00f1as de erradicaci\u00f3n no eliminaron el narcotr\u00e1fico. Lo que hicieron fue desplazarlo. Cada vez que se destru\u00eda un cultivo, aparec\u00eda otro en otro lugar. Cada vez que se militarizaba una regi\u00f3n, el tr\u00e1fico se desplazaba a otra. Esto se conoce como el efecto globo: aprietas aqu\u00ed, y se infla por all\u00e1. Esta din\u00e1mica gener\u00f3 un ciclo interminable de violencia. La guerra contra las drogas no termin\u00f3 con el negocio: lo fortaleci\u00f3. Lo volvi\u00f3 m\u00e1s rentable, m\u00e1s clandestino, m\u00e1s violento. Gener\u00f3 monopolios de riquezas astron\u00f3micas, en lugares remotos, lejos del escrutinio y la gobernanza.<\/p>\n<p class=\"p2\">Las consecuencias humanas han sido devastadoras. Comunidades enteras han sido desplazadas. Miles de personas han sido asesinadas. Se han destruido ecosistemas completos mediante fumigaciones qu\u00edmicas y la entrada de agricultura intensiva en zonas ecol\u00f3gicamente sensibles. Se ha militarizado la vida cotidiana de regiones enteras. Y todo esto en nombre de una pol\u00edtica que nunca logr\u00f3 reducir ni la demanda ni la oferta global de drogas.<\/p>\n<p class=\"p2\">La guerra contra las drogas tambi\u00e9n ha destruido las redes tradicionales de intercambio que sosten\u00edan la econom\u00eda andina. La coca dej\u00f3 de circular como moneda vegetal y pas\u00f3 a circular como mercanc\u00eda ilegal. Esto provoc\u00f3 un cambio profundo en la vida de las comunidades. El trueque fue reemplazado por la econom\u00eda clandestina. La solidaridad fue reemplazada por el miedo. La planta sagrada fue transformada en un objeto de crimen.<\/p>\n<p class=\"p2\">Esta transformaci\u00f3n no fue s\u00f3lo econ\u00f3mica: fue cultural. La guerra contra las drogas no s\u00f3lo destruy\u00f3 cultivos; destruy\u00f3 significados. Intent\u00f3 borrar una relaci\u00f3n milenaria entre una planta y un pueblo. Intent\u00f3 convertir una tradici\u00f3n en un delito. Y en muchos casos, lo logr\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>IV. La revisi\u00f3n cr\u00edtica de la hoja de coca: una oportunidad perdida<\/b><\/p>\n<p class=\"p2\">Durante las \u00faltimas d\u00e9cadas, tanto investigadores independientes como acad\u00e9micos y centros de investigaci\u00f3n han generado un vasto cuerpo de conocimiento sobre la hoja de coca y sus evidentes beneficios. Diversas organizaciones han reconstruido paso a paso esta injusticia hist\u00f3rica al detalle.<\/p>\n<p class=\"p2\">Estas investigaciones han demostrado que muchas de las afirmaciones que justifican la prohibici\u00f3n de la coca son falsas. Han demostrado que el consumo tradicional no provoca los da\u00f1os que se afirmaban en los a\u00f1os cincuenta. Han demostrado que la coca tiene propiedades nutricionales y medicinales relevantes. Han demostrado, sobre todo, que la planta no puede ser comprendida fuera de su contexto cultural, y que la permanencia de ella en la lista I no hace sentido.<\/p>\n<p class=\"p2\">Sin embargo, a pesar de esta evidencia, el sistema internacional ha mostrado una resistencia enorme a modificar su posici\u00f3n. La revisi\u00f3n cr\u00edtica de la hoja de coca ha avanzado lentamente, bloqueada por intereses pol\u00edticos, por inercias institucionales y por el miedo a reconocer un error hist\u00f3rico. Admitir que la coca no debi\u00f3 haber sido incluida en la Lista I implicar\u00eda reconocer que la guerra contra las drogas se construy\u00f3 sobre una base equivocada.<\/p>\n<p class=\"p2\">En el a\u00f1o 2023, el gobierno de Bolivia impuls\u00f3 la iniciativa de revisar la permanencia de la coca en la lista I. Tras el apoyo de Colombia, la OMS se vio forzada a realizar un examen cr\u00edtico del estado de la planta en el sistema de listas.<\/p>\n<p class=\"p2\">El resultado de este proceso ha sido frustrante. A pesar de las investigaciones, a pesar de los informes y a pesar de las voces de las comunidades ind\u00edgenas, la hoja de coca sigue siendo tratada como una sustancia peligrosa para la humanidad. La ciencia ha avanzado, pero la pol\u00edtica no. El conocimiento crece, pero las leyes siguen siendo las mismas. Tras dos a\u00f1os de la revisi\u00f3n cr\u00edtica, a fines del 2025, la OMS decidi\u00f3 mantener la coca en la lista 1.<\/p>\n<p class=\"p2\">Esta situaci\u00f3n revela una verdad inc\u00f3moda: la guerra contra las drogas no es una pol\u00edtica basada en evidencia. Es una pol\u00edtica basada en s\u00edmbolos. Y la coca se convirti\u00f3 en uno de esos s\u00edmbolos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>V. El fracaso de la guerra contra las drogas<\/b><\/p>\n<p class=\"p2\">Despu\u00e9s de m\u00e1s de medio siglo, la guerra contra las drogas ha demostrado ser un fracaso. El consumo global ha aumentado. La producci\u00f3n de plantas prohibidas y de sustancias il\u00edcitas ha aumentado. El tr\u00e1fico de dichas sustancias est\u00e1 en su m\u00e1xima expresi\u00f3n. No ha protegido a las comunidades m\u00e1s vulnerables. Lo \u00fanico que ha logrado es generar m\u00e1s violencia, m\u00e1s corrupci\u00f3n y m\u00e1s desigualdad. Todo esto a costas de cifras astron\u00f3micas del bolsillo p\u00fablico.<\/p>\n<p class=\"p2\">En Sudam\u00e9rica, este fracaso es evidente. Los pa\u00edses productores soportan el costo humano de una pol\u00edtica dise\u00f1ada fuera de sus territorios. Las comunidades rurales han sido tratadas como responsables de un problema \u201cglobal\u201d (eso es, del norte global). Los pueblos ind\u00edgenas han sido criminalizados por mantener tradiciones milenarias. El problema se ha llevado a la planta y quienes la cultivan, alej\u00e1ndolo de los pa\u00edses que gobiernan las narices de quienes inhalan la mayor parte del polvo blanco que se extrae del Amazonas. Los pa\u00edses cocain\u00f3manos por excelencia no est\u00e1n en el Sur.<\/p>\n<p class=\"p2\">Cuando se proh\u00edbe una planta pero la demanda persiste, <i>la producci\u00f3n no desaparece<\/i>. Se ve obligada a desplazarse hacia afuera, adentr\u00e1ndose en la selva, lejos del escrutinio, de los servicios y de la gobernanza ambiental. En el contexto amaz\u00f3nico, el cultivo de coca se ha asociado con la deforestaci\u00f3n, la contaminaci\u00f3n del agua y del suelo por pesticidas y precursores qu\u00edmicos, el desplazamiento forzado y el conflicto territorial. El proceso de refinaci\u00f3n de la coca\u00edna utiliza sustancias como acetona, \u00e9ter, queroseno y gasolina. Bajo el paradigma punitivo de la prohibici\u00f3n, estos qu\u00edmicos se manipulan en laboratorios clandestinos sin medidas de protecci\u00f3n ambiental, sin sistemas de tratamiento y sin rendici\u00f3n de cuentas ante las comunidades afectadas. Estos laboratorios siempre se encuentran cerca de las plantaciones y siempre est\u00e1n cerca del agua (el agua es esencial en el proceso de extracci\u00f3n). El suelo y el agua del Amazonas han sido da\u00f1ados de forma directa por la prohibici\u00f3n de la planta.<\/p>\n<p class=\"p2\">As\u00ed, la guerra contra las drogas ha funcionado como un sistema de control geopol\u00edtico. Ha permitido justificar la militarizaci\u00f3n de territorios, la intervenci\u00f3n en pa\u00edses \u201csoberanos\u201d y la criminalizaci\u00f3n de poblaciones enteras. Bajo el discurso de la seguridad, se han implementado pol\u00edticas injustas. Bajo el discurso de la salud p\u00fablica, se ha minado cultura.<\/p>\n<p class=\"p2\">Lo m\u00e1s tr\u00e1gico es que esta guerra no s\u00f3lo ha fracasado: ha producido exactamente lo contrario de su promesa germinal. Ha fortalecido a las organizaciones criminales. Ha aumentado la demanda y la oferta. Ha generado nuevas formas de violencia. Y ha destruido las alternativas tradicionales que exist\u00edan antes de la prohibici\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>VI. La prohibici\u00f3n de la coca como etnocidio sofisticado<\/b><\/p>\n<p class=\"p2\">Prohibir una planta no es s\u00f3lo una decisi\u00f3n legal. Es una decisi\u00f3n cultural. Cuando se proh\u00edbe la coca, no se proh\u00edbe \u00fanicamente una sustancia: se proh\u00edbe una relaci\u00f3n con la naturaleza, una forma de conocimiento, una tradici\u00f3n milenaria. Al prohibir una planta, se sabotea directamente el grupo humano que la incorpora en su tejido cultural.<\/p>\n<p class=\"p2\">La papa recibi\u00f3 un estigma severo tras su introducci\u00f3n en Escocia. El caf\u00e9 fue ilegal en Suecia. Penas estrictas (incluso muerte) fueron impuestas en Rusia por el consumo de tabaco. Como los alimentos, las plantas (o drogas como quieran llamarlas) son una parte importante de nuestra identidad.<\/p>\n<p class=\"p2\">Historiadores han mostrado como a trav\u00e9s de la historia se han asociado constantemente grupos humanos a drogas: el alcohol se asociaba a los irlandeses (luego a los jud\u00edos e italianos), el opio era asociado a los chinos, la coca\u00edna a los negros y la marihuana a los mejicanos.<\/p>\n<p class=\"p2\">As\u00ed, la prohibici\u00f3n de la coca puede entenderse como una forma de etnocidio sofisticado y varios ya lo han llamado as\u00ed. No se destruye directamente a un pueblo; se destruyen los elementos que sostienen su identidad. Se criminaliza su medicina. Se ridiculiza su ritual. Se convierte su historia en un camino errado que llev\u00f3 a la degeneraci\u00f3n. Y poco a poco, esa cultura comienza a desaparecer.<\/p>\n<p class=\"p2\">La coca no es una amenaza para la humanidad. La amenaza es la incapacidad de comprenderla. Durante d\u00e9cadas, se ha intentado eliminar la planta en lugar de comprenderla. Se ha intentado imponer una visi\u00f3n \u00fanica del mundo en lugar de aceptar la diversidad del ser humano. Y en ese proceso, se ha perdido algo esencial: la posibilidad de aprender de los pueblos que han convivido y cuidado la coca durante <i>miles<\/i> de a\u00f1os.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>VII. Hacia una nueva mirada: recuperar la memoria de la coca<\/b><\/p>\n<p class=\"p2\">La historia de la hoja de coca no est\u00e1 terminada. A pesar de la persecuci\u00f3n, a pesar de la criminalizaci\u00f3n, a pesar de la violencia, la coca sigue viva. Sigue creciendo en territorios donde crec\u00eda hace miles de a\u00f1os. Sigue siendo utilizada en rituales, en ceremonias, en pr\u00e1cticas medicinales. Sigue siendo un s\u00edmbolo de resistencia cultural.<\/p>\n<p class=\"p2\">Hoy, cada vez m\u00e1s voces comienzan a cuestionar la guerra contra las drogas. Cada vez m\u00e1s investigadores reconocen el valor cultural de la coca. Cada vez m\u00e1s comunidades ind\u00edgenas exigen el reconocimiento de su derecho a mantener sus tradiciones. Este cambio ha demostrado ser lento, pero es inevitable.<\/p>\n<p class=\"p2\">La coca no necesita ser defendida como una curiosidad ex\u00f3tica. Necesita ser reconocida como lo que siempre ha sido: una planta fundamental para la historia cultural de Sudam\u00e9rica. Una planta que permiti\u00f3 sobrevivir en condiciones extremas. Una planta que acompa\u00f1\u00f3 el desarrollo de civilizaciones complejas. Una planta que fue convertida injustamente en un s\u00edmbolo del mal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><b>VIII. Conclusi\u00f3n: la guerra contra una planta<\/b><\/p>\n<p class=\"p2\">Tal vez el mayor absurdo de la guerra contra las drogas es que termin\u00f3 convirti\u00e9ndose en una guerra contra una planta. Una planta humilde, silenciosa. Una planta que no fue un problema hasta que alguien decidi\u00f3 que deb\u00eda serlo.<\/p>\n<p class=\"p2\">La coca no es violencia. La coca no es corrupci\u00f3n. La coca no es crimen\u2026 La coca es memoria. Es historia. Es cultura. Es patrimonio. Pero sobre todo, la coca es <i>resistencia<\/i>.<\/p>\n<p class=\"p2\">Durante d\u00e9cadas, el mundo ha intentado erradicarla. Pero lo \u00fanico que ha logrado es demostrar que no se puede destruir una tradici\u00f3n milenaria mediante decretos remotos. La coca sigue viva porque forma parte de la identidad de millones de personas. Sigue viva porque est\u00e1 unida a la tierra. Sigue viva porque no pertenece a la l\u00f3gica del mercado ni a la l\u00f3gica de la guerra.<\/p>\n<p class=\"p2\">Quiz\u00e1s ha llegado el momento de reconocer el error. De aceptar que la guerra contra las drogas no s\u00f3lo fracas\u00f3, sino que produjo un da\u00f1o profundo y duradero. Quiz\u00e1s ha llegado el momento de escuchar a las comunidades que han convivido con la coca durante miles de a\u00f1os. Quiz\u00e1s ha llegado el momento de dejar de perseguir una planta y empezar a abrirse a comprenderla.<\/p>\n<p class=\"p2\">Porque, en el fondo, la historia de la coca no es la historia de una guerra. Es la historia de una relaci\u00f3n entre el ser humano y la naturaleza. Y esa relaci\u00f3n \u00edntima es un derecho que no puede ser prohibido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\"><em>\u00b9 Eugenio Figueroa es investigador independiente del fen\u00f3meno de las drogas, director cofundador de Fundaci\u00f3n Lobeliana y miembro activo de la Coalici\u00f3n de Reforma de Pol\u00edtica de Drogas y Justicia Ambiental. <\/em><\/p>\n<p class=\"p1\"><em>Contacto: efigueroa@fundacionlobeliana.org<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2047 size-large\" src=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.07-1024x621.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"485\" srcset=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.07-1024x621.jpg 1024w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.07-300x182.jpg 300w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.07-768x466.jpg 768w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.07-1536x932.jpg 1536w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.07-18x12.jpg 18w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.07-600x364.jpg 600w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.07.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: center;\"><b>Hermanos Genaro y Ricardo Ccahuana, agricultores tradicionales de coca. Mazapata, La Convenci\u00f3n, Per\u00fa.<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2045 size-large\" src=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/IMG_7613-1024x823.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"643\" srcset=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/IMG_7613-1024x823.jpg 1024w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/IMG_7613-300x241.jpg 300w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/IMG_7613-768x618.jpg 768w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/IMG_7613-1536x1235.jpg 1536w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/IMG_7613-2048x1647.jpg 2048w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/IMG_7613-15x12.jpg 15w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/IMG_7613-600x482.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: center;\"><b>La planta de la coca con frutos. La Libertad, Per\u00fa<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2046 size-large\" src=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.05-604x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"604\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.05-604x1024.jpg 604w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.05-177x300.jpg 177w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.05-768x1301.jpg 768w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.05-7x12.jpg 7w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.05-600x1017.jpg 600w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.32.05.jpg 821w\" sizes=\"(max-width: 604px) 100vw, 604px\" \/><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: center;\"><b>Alm\u00e1cigos de coca listos para ser plantados. Quillabamba, Per\u00fa.<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2049 size-large\" src=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-19.55.20-1-1024x473.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"370\" srcset=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-19.55.20-1-1024x473.jpg 1024w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-19.55.20-1-300x139.jpg 300w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-19.55.20-1-768x355.jpg 768w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-19.55.20-1-1536x709.jpg 1536w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-19.55.20-1-18x8.jpg 18w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-19.55.20-1-600x277.jpg 600w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-19.55.20-1.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: center;\"><b>Canchas de secado de coca, Mazapata, La Convenci\u00f3n, Per\u00fa<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2048 size-large\" src=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.37.52-2-1024x473.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"370\" srcset=\"https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.37.52-2-1024x473.jpg 1024w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.37.52-2-300x139.jpg 300w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.37.52-2-768x355.jpg 768w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.37.52-2-1536x709.jpg 1536w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.37.52-2-18x8.jpg 18w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.37.52-2-600x277.jpg 600w, https:\/\/fundacionlobeliana.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2025-02-11-at-16.37.52-2.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: center;\"><b>Plantaciones de coca en la cuenta del r\u00edo Vilcanota, La Convenci\u00f3n, Per\u00fa<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Por Eugenio Figueroa\u00b9 A primeras, la coca no es una planta particularmente impresionante. 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