Los hongos psicópticos (o visionarios), sensu lato, se dividen en dos categorías amplias (una restringida, la otra ancha): siete especies, con algún aminoácido glutamatérgico, seis del género Amanita; y—cuando mínimo—cien especies, de más de una docena de géneros, que contienen alcaloides indólicos (presumiblemente serotonérgicos). La primera clase ha sido de fama (¡e infamia!) mundial, por lo menos a partir del siglo XIX; la segunda no fue re–descubierta hasta a mediados del siglo XX. Como principios psicópticos mayores, los de la clase Amanita ostentan el ácido iboténico; los otros, principalmente del género Psilocybe, la psilocina así como una serie de otras triptaminas estrechamente homólogas. Los usos no tradicionales de ambos grupos comenzaron a finales del siglo XX, y se han extendido, prácticamente, a todos los Continentes. Paso por alto los hongos parasíticos, de la familia Clavicipitaceæ, fuente de la LSD, aunque de documentados empleos en los Chamanismos, dado que no se consideran comúnmente como hongos (o setas: es decir, agáricos); y tampoco han recibido uso moderno como tal. [LSD–25—siendo la dietíl–amida del ácido lisérgico—y alcaloides naturales derivativos, provienen de los esclerocios del hongo ‘inferior,’ Claviceps purpurea, y especies relacionadas.] 

 

Mukhomor, Ibo–Tengu–Take, Miskwedo, Tzontecomananácatl y Kakuljá Hurakan:

Los Hongos Iboténicos

 

Amanita muscaria

 

Fue un coronel sueco, Filip Johann von Strahlenberg, quien estuvo doce años como prisionero de guerra en Siberia, el primero en publicar un relato del uso lúdico allí, del Muchumor, o Amanita muscaria, entre los koriak (publicado en Estocolmo, en 1730; y en Londres, en 1736). Describió como re–hidrataban a los hongos secos, para “intoxicarse con el licor,” y añadió otro detalle más sensacional, de como los pobres recolectaban las orinas de los ricos ebrios, las cuales bebían con avidez: “y de esta manera ellos igualmente se emborrachan.” Mukhomor sigue siendo el nombre popular en ruso, del ‘hongo matamoscas.’ [El nombre más arcaico es paηχ, que lingüísticamente, se remonta atrás, más de seis Milenios; y petroglifos del río Pegtymel´ cerca de la area chukchi, dan antigüedad del uso de tres Milenios.]* Hubo más de 20 relatos afirmando el informe pionero que citaban esta práctica lúdica entre los koriak, chukchi, yukagir y kamchadal, de la Península Kamchatka; así como varias etnias de Siberia Central, entre los ríos Ob y el Yenisei. No fue hasta 1890, que Karl von Ditmar publicó en San Petersburgo el datum que los chamanes koriak fueron “muy ávidos” de consumir el hongo “para meterse en un estupor semejante a la locura completa” (afirmado igual, en 1897, entre los irtish–ostiak, por Serafim Keropovich Patkanov… aunque el uso chamánico del mukhomor fue informado principalmente por Waldemar Jochelson y Vladimir Germanovich Bogoraz, a partir de esta Jesup North Pacific Expedition del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, y publicado en su Memoir enciclopédica de 1905). No obstante, fueron los tres libros pioneros de ‘la etnofarmacognosia chamánica’ (The Chemistry of Common Life, por James F. Johnston y Die narkotischen Genusßmittel und der Mensch, por Ernst Freiherr von Bibra—ambos de 1855—y The Seven Sisters of Sleep de 1860, por Mordecai Cubitt Cooke), los que introdujeron aquellos hongos psicópticos al mundo científico, y al vulgo. Más aún, fue el libro infantil de Charles Lutwidge Dodgson (‘Lewis Carroll’), Alice’s Adventures in Wonderland, de 1865 (inspirado por la lectura del libro del micólogo Cooke) lo que los plasmó indeleblemente sobre la imaginación popular. [En castellano: La química de la vida común del escocés Johnston; Las delicadezas narcóticas y la humanidad, del alemán von Bibra; Las siete hermanas del sueño, del inglés Cooke; más Las aventuras de Alice en el País de las Maravillas, del inglés Dodgson.] 

 

En 1869, O. Schmiedeberg y R. Koppe publicaron en Leipzig un libro, Das Muscarin, in re: sus investigaciones multidisciplinares sobre el alcaloide la muscarina, aislado en ínfimas cantidades a partir de cantidades industriales de Amanita muscaria. Hasta la mitad del siglo XX, muscarina se reinaba (a lado de la nicotina, el alcaloide mayor de especies de Nicotiana) como unas neuro–químicas prototípicas (definen acciones opuestas sobre los receptores del neurotransmisor mayor de las uniones neuro–musculares: la acetíl–colina). Sin embargo, no fue hasta la invención de las ‘resinas cambio de iones’ a mediados del siglo XX, que fue posible aislar el principio psicóptico verdadero de estas Amanitæ, el cual fue realizado, de manera simultánea, en tres laboratorios de Japón, Suiza e Inglaterra. La prioridad fue de T. Takemoto, quien lo aisló de la A. strobiliformis, o ibo–tengu–take en japonés (‘el hongo de los Tengu con escamas’: en folclor japonés los Tengu son duendes traviesos, que se asocian con agáricos), quien lo designó ácido iboténico. Estudios posteriores resultaron en la identificación de un segundo compuesto—el muscimól—siendo un producto de la des–carboxilación del (lábil) ácido iboténico, que es un aminoácido, con un anillo poco común en la química, el isoxazól (cinco átomos: tres carbonos; con dos átomos contiguos, de oxígeno y nitrógeno). 

 

Ahora sabemos que el principio psicóptico fisiológico sea el muscimól, que ostenta una potencia como fármaco, unas diez veces mayor que la del ácido iboténico (una dosis umbral de 510 mg; versus 50100 mg para el compuesto pariente). El ácido iboténico es un agonista del receptor del ácido glutámico, clase más común de receptores excitatorios del Sistema Nervioso Central; a la vez que el muscimól es un agonista de otro receptor para el GABA, γamino–ácido butírico, un importante receptor SNC inhibitorio (incluye el receptor benzodiacepínico). Por supuesto, ácido iboténico es un análogo del MSG o glutamato–mono–sódico e igual a éste provoca una reacción insólita sobre la lengua, que tiene receptores glutamatérgicos: que de hecho representa un quinto sabor básico, que los japoneses denominan umami. La misma A. muscaria o beni–tengu–take en japonés (‘el hongo Tengu escarlata’), igual que Tricholoma muscarium o haetori–shimeji (‘hongo matamoscas’: también contiene ácido dihidro–iboténico), como aquella alga, fuente del MSG, y otras hierbas, se han utilizado desde tiempos remotos en Japón, como ‘alzadores de sabores.’ Un tercer hongo japonés se asocia con los Tengu: A. pantherina (tengu–take); todos los tres ‘hongos de los Tengu’ ostentan ácido iboténico/muscimól, y son psicópticos. Es obvio que fue tradicional en Japón un uso de hongos visionarios. No solamente tenemos esta asociación entre tres especies psicotrópicas de Amanita y aquellos Tengu—‘espíritus chamánicos’ por excelencia—sino que los nombres populares de diversas especies psilocínicas [Véase abajo.] señalan, inequivocadamente, un reconocimiento de su psicoactividad: mai–take (‘el hongo que hace bailar’); shibire–take (‘el hongo entumecedor’); y warai–take (‘el hongo de la risa’). Estos take (agáricos) todos contienen psilocina o triptaminas visionarias relacionadas. Es más, el Konjaku Monogatari (o: Cuentos del antaño) del siglo XI, presenta una crónica de algunas monjas budistas y la banda de unos leñeros perdidos y hambrientos, bailando y disfrutando de aquellos mai–take

 

Hasta ahora el ácido iboténico y muscimól se conocen por lo menos de siete especies: del género AmanitaA. cothurnata; A. gemmata; A. muscaria; A. pantherina; A. regalís; A. strobiliformis—más Tricholoma muscarium. El ácido dihidro–iboténico (sinónimo: ácido tricholómico), aún no de psicoactividad cierta, se conoce de tres: Tricholoma muscarium; Tricholomopsis rutilans; y Pleurotus ostreatus. [Estos tres hongos tricholómicos se cuentan, ¡entre unas bastante apreciadas setas comestibles… igual que Amanita muscaria y Amanita pantherina!

 

En su libro pionero de 1855, después de describir los efectos de A. muscaria en Siberia, Johnston había comentado: “Aún no tenemos experiencias en esta parte de Europa de cualesquiera efectos tan destacados como aquellos, siendo producidos por ningunas especies de hongos.” Tenía razón. Los usos no tradicionales, para fines lúdicos o espirituales, particularmente los de A. muscaria y pantherina, comenzaron a mediados del siglo XX. Fueron dos libros pioneros (uno de la pediatra Valentina Pavlovna Guercken–Wasson y su marido R[obert] Gordon Wasson, Mushrooms Russia and History, de 1957; el otro, por R.G. Wasson, sólo, Soma: Divine Mushroom of Immortality, de 1968) que sacaron a luz esta historia recóndita del mukhomor en Siberia, y estimularon un interés renovado en chamanismo y, especialmente, en los embriagantes chamánicos. Un libro fantasioso por Andrija Puharich, The Sacred Mushroom: Key to the Door of Eternity, de 1959, fue el primer ’libro popular’ (ambos libros de la pareja Wasson salieron en costosas ediciones limitadas) sobre las Amanitæ psicópticas, aunque en verdad no ofrecía nada de información fidedigna. Supongo que la experimentación no científica con Amanita spp. comenzaba a principios de la ‘Década [de los 1960] Psicodélica.’ Yo mismo las ingerí por primera vez en 1973, así como el ácido iboténico y muscimól en forma cristalina (los había aislado a partir de A. pantherina). Igualmente verifiqué bioquímicamente el fenómeno del reciclado del muscimól a través de las orinas del consumidor de estos hongos. [Fenómeno no inusual; ocurre con numerosas drogas: entre ellas la psilocibina/psilocina.] He ingerido A. muscaria y A. pantherina: ambos de América del Norte e igual del Sur. [En castellano: Hongos Rusia e historia y Soma: hongo divino de la inmortalidad de los Wasson; El hongo sagrado: llave a la puerta de la eternidad, del fanfarrón farandulero, Puharich; que fue acompañado, en 1970, por otro pretendiente, John Allegro: The Sacred Mushroom and the Cross, o El hongo sagrado y la cruz. Los libros de Puharich y Allegro son de pura fantasía pretenciosa.] 

 

Que sepamos, hubo usos chamánicos de A. muscaria, aparte de en Siberia y Japón, sólo rumbo a los Grandes Lagos, entre Canadá y Estados Unidos, por parte de indígenas algonquinas, de etnia ahnishinaubeg (por nombre de miskwedo); y entre los pueblos nahua y maya, de Mesoamérica. Ecológicamente, todo el género Amanita no existía en Suramérica, hasta después del Contacto, y la introducción de árboles europeos (son micorrízicos: comensales con las raíces de determinadas especies de árboles—para el hongo es obligatorio; los árboles pueden vivir, mal, sin los hongos). En náhuatl A. muscaria se llama tzontecomananácatl u ‘hongo calavera’ (las Amanitæ brotan de una volva o ‘huevo’ parecido a una calavera) y es de suponer que fueron fumados, en forma seca, en los acáyetli o ‘canutos–tabaco’ (âcatl es canuto Phragmites; yetl es tabaco): como lo describió Bernardino de Sahagún, en 1569, en su monumental Códice Florentino. Para los maya (quiché y otros) parece que A. muscaria fue su enteógeno principal, bajo el nombre kakuljá hurakan, o ‘el relámpago unípede’ (como desvelado en el Popol Vuh, un documento colonial, transliterado, en quiché, por Francisco Ximénez, a mero principios del siglo XVIII). Cabe mencionar, que un uso chamánico de A. muscaria no ha sido documentado etnomicológicamente, entre estos quiché, ni entre otros grupos maya; aunque los quiché–maya todavía la denominan kakuljá o ‘relámpago.’

[En la India, la soma (probablemente A. muscaria) se llama aja ekapad: el ‘unípede no–nacido.’ Los quiché usaban igual los hongos psilocínicos: como chipi kakuljá, o ‘relámpago enano’; así como las semillas de Turbina corymbosa, como raxa kakuljá, o ‘relámpago verde’: fuente de las semillas enteogénicas (alcaloides lisérgicos) conocidas como ololiuhqui en náhuatl y xtabentún en maya. Tampoco se ha documentado ningún uso quiché de cualesquiera especies psilocínicas; aunque los usos chamánicos maya (u otros medicinales) de xtabentún están bien substanciados.] 

 

Entre 1966 y 1980 hubo varios libros y artículos sobre usos lúdicos de Amanitæ, aunque ningún de gran distribución o trascendencia. Al parecer, el poco uso moderno que había observado yo, se diseminó por correr la voz. Normalmente, estos hongos se consumen frescos, aunque se suben de potencia al secar (por des–carboxilación del ácido iboténico en muscimól: los siberianos siempre los secaban)—he observado el fumado de Amanitæ secas y verificado que funciona; así como he podido detectar el muscimól en el humo. No obstante, e igual que todas las Amanitæ, los hongos frescos son una delicia (aun los de esta letalmente venenosa A. phalloides: algunos consumidores han jurado que fueron las mejores setas que habían deleitado—¡aun si estuviese su última cena!). Yo recomiendo rebanarlos, para saltearlos con mantequilla, y comerlos encima de pan tostado: es poco común que podemos gozar del sabor de un enteógeno y ¡no hay que perder la oportunidad!

[Tanto la A. muscaria en Japón como la A. pantherina en el Estado de Washington de los Estados Unidos, están recolectados como setas comestibles, y procesados como conservas. ¡No se debe saltearlas con ajo o cebolla!—sus compuestos de azufre anonadan el sabor del ácido iboténico.] Una advertencia: el rango de dosificación es angosto. Con 50100% más de una dosis psicóptica, uno entra en un estado soñoliento e inconsciente y ¡pierde la experiencia! Recomiendo comenzar con sólo la mitad de un hongo para así averiguar la potencia—que puede variar mucho. Si de un grupo se trate, un voluntario debe irse primero, y hay que esperar dos horas, para que los efectos se desarrollan plenamente. Si uno va solo, mejor guardar a los hongos en la nevera para otro día, si un efecto mayor se desee. El efecto es duradero—ocho horas o más—no se compara con el de otras Psychopticæ. Aunque no anubla la conciencia, tiene efectos periféricos semejantes a los del alcohol: puede provocar incoördinación y/o ataxia. Por tanto, es vital consumirlos en casa, o en otro lugar seguro y protegido, donde uno puede acostarse con tranquilidad. Última advertencia: algunas cepas de A. muscaria pueden contener cantidades apreciables de la muscarina (las que provocan: lagrimeo; salivación; sudoración), que puede ser incómodo, aunque no peligroso. Yo recomiendo mejor la (morena) Amanita pantherina, que no contiene muscarina y, por lo menos en Norteamérica, suele ser bastante más potente, que su pariente escarlata, Amanita muscaria… el mukhomor, ibo–tengu–take, miskwedo, tzontecomananácatl, o kakuljá hurakan

 

Warai–Take, Hsiao–ch’un, Teonanácatl, Chipi Kakuljá y ‘Hongos Mágicos’:

Los Hongos Psilocínicos [‘Psilocíbicos’]

 

Gymnopilus junionus (G. spectabilis)

 

Hemos visto cómo los japoneses destacaron varios hongos como warai–take (‘los hongos de la risa’), que existían en China (hsiao–ch’un). El warai–take es Panæolus campanulatus (o su var. sphinctrinus: para algunos, Pan. sphinctrinus); y el o–warai–take (‘gran hongo de la risa’) es el Gymnopilus spectabilis—ambos psilocínicos y psicópticos; igual que el shibire–take, Psilocybe venenata (venenata se refiere a su color; no que sea venenoso). Aunque el mai–take se identifica hoy en día con la Grifola frondosa, especie no conocidamente psicoactiva, es de suponer que es, u originalmente fue alguna especie psilocínica. No obstante, no fue en Japón donde estos hongos de la risa salieron al conocimiento moderno, sino en Mesoamérica… de nuevo, a partir del libro pionero de la pareja Wasson, Mushrooms Russia and History (la única edición de 513 ejemplares de 1957). [Los warai–take existían igual en Mesoamérica: el Psilocybe zapotecorum oaxaqueño, a menudo se puede llamar ‘el hongo de pura risa.’ Igual es común en los Yungas suramericanos.] 

 

Aunque aquel libro (a precio de U$250: ¡equivalente a U$6,250, de divisas prostituidas de hoy!) jamás ha sido ampliamente leído, Gordon Wasson publicó, en la revista Life, del 13 de mayo del mismo año (la revista entonces de la mayor tirada en el Mundo; salió en Life en español, el 3 de junio: “En busca de los hongos mágicos”) “Seeking the Magic Mushroom” que fue realmente su desvelo al Mundo. [Wasson recibió U$10,000 para aquel artículo: ¡equivalente a U$250,000 hoy! Entre libro y artículo, ¡los Wasson ganaron el equivalente de U$2,500,000, en los dólares de hoy! Toda esta única edición de Mushrooms Russia and History ¡se vendió, antes de finales de 1957!] Es más, Wasson sacó de Henry Luce el compromiso de no tocar ni una sola palabra de su relato, aunque Luce insistió en poner al título. Desde entonces estos hongos se llaman lamentablemente ‘hongos mágicos’—que sugiere prestidigitación o ¡tontos persas en corozas puntiagudas! [Notad como este editor lograba estropear el mejor ensayo, ¡aun circunscrito a cuatro palabras!] Escrito en una prosa–poesía esmerada, el artículo de Wasson daba su lugar merecido al chamanismo; no cosa de ‘doctores–brujo,’ [Típico, von Ditmar en 1890: “para meterse en un estupor semejante a la locura completa.”] sino describió a María Sabina (“la mixeteca, Eva Méndez,“ en Life) como: “una practicante hábil”; ella fue “el Oráculo”… y él escuchaba “el hongo hablando a través de ella, palabras de Dios, como creen los indios.” Más aún, Wasson caracterizó sus visiones como: 

 

más reales para mí que cosa cualesquiera visto jamás con mis propios ojos. Sentí que entonces veía llanamente, mientras que la vista ordinaria nos da una visión imperfecta; veía los arquetipos, las ideas Platónicas, que subyacen las imágenes imperfectas de la vida cotidiana. Se cruzaba mi mente el pensamiento: ¿podrían los hongos divinos representar el secreto que yacía detrás de los Misterios antiguos? [Y, previamente:] Allí estuve yo, posado en el espacio, un ojo descarnado, invisible, incorpóreo, viendo aunque no visto. [La traducción y la énfasis son mías, del inglés original de Wasson.] 

 

¡Éste escrito por ‘un banquero de Wall Street,’ Vicepresidente del Banco [J. Pierpont] Morgan!

Bien, puedo afirmar que ¡aquello no tenía nada que ver con el contenido típico de Life! Veinte–tres años después, en su penúltimo libro, The Wondrous Mushroom: Mycolatry in Mesoamerica, [El hongo maravilloso: micolatría en Mesoamérica.] Wasson entonces versaba poéticamente con respecto a su velada fúngica iniciativa (del 29 de junio de 1955), con su Mecenas, María Sabina: 

 

A la breve luz de aquel fósforo estuve viviendo siglos, milenios, hasta décadas de milenios. María Sabina era La Chamana, el enfoque de los pesares y anhelos de la humanidad, atrás, atrás por la Edad de Piedra hasta Siberia. Ella era la Religión Encarnada. Ella era la hierofanta, la taumaturga, la psychopompos, en la cual las penas y aspiraciones de incontables generaciones de la familia de la humanidad habían encontrado, todavía encuentran, su alivio. Todo aquello vi, a la luz de aquel fósforo único, por la actuación sombrada de María Sabina. La luz de aquel fósforo parecía durar un eón de tiempo, y entonces, de repente, se extinguió. [Una vez más, esta traducción es mía.] 

 

No sólo debemos a la pareja Wasson el moderno re–descubrimiento de los hongos psicópticos—tantas las Amanitæ visionarias como las especies psilocínicas—sino un aprecio respetuoso del chamanismo como una “Ur–Religión” [ex Weston La Barre y Peter Furst]; mejor dicho, como la fuente de nuestra Cultura desde su verdadera cuna: Siberia; siendo el Oriente Medio, más bien, el ataúd de su sepultura debajo de la catedral de religión artificial basada en sacramentos–placebo. De 15 páginas y 21 ilustraciones, el artículo de Life incluía siete acuarelas por el micólogo Roger Heim, representando igual número de variantes de hongos visionarios: entre ellas cuatro especies que previamente fueron ignotas para la ciencia (trece años después algunas de aquellas acuarelas fueron copiados para el primer ‘guía de campo popular’ hacia estos hongos). Había también una foto (en blanco y negro) de Psilocybe mexicana… cultivada por Heim, en su laboratorio parisino. 

 

Con su colega Roger Cailleux, Heim lograba cultivar varias especies. Puesto que unos químicos franceses y estadounidenses habían fallado en aislar sus principios visionarios (por intentar usar cobayas de laboratorio como bioensayo para señalar las fracciones activas), a principios de 1957 Heim enviaba 100 g secos de su P. mexicana cultivada, a Albert Hofmann, de la compañía suiza farmacéutica, Sandoz (pensando con acierto, que su experiencia con LSD–25, o Delysid,™ otra Psicóptica fúngica, podría ser relevante). Hofmann igualmente gastaba dos tercios de la materia preciosa en infructuosos intentos con bioensayos animales, hasta decidir consumir él mismo 2.4 g de estos hongos, para asegurarse que conservaban su actividad en estado seco (los indios decían que no). Fueron impresionantemente activos, así que en seguida, Hofmann y sus colegas servían de cobayas (‘el bioensayo psiconáutico,’ o ‘la Técnica Heffter’) para evaluar sus fracciones, a un nivel de dosis equivalente, a 0.8 g de los hongos secos. Hofmann rápidamente identificó así dos novedosos alcaloides triptamínicos como principales componentes visionarios—siendo el activo farmacológicamente, la psilocina, que a menudo existe en los hongos, en una forma ‘protegida,’ la psilocibina (la psilocina es 4hidroxiDMT; la psilocibina, 4–fosforiloxiDMT; ya sabemos que varias especies contienen igual el homólogo MMT de psilocibina, la bæocistina; también su homólogo de T, la nor–bæocistina: éstas probablemente contienen los homólogos equivalentes, de psilocina—4–hidroxiMMT y 4–hidroxiT). En 1958/9 Hofmann publicó la identificación, la estructura y síntesis de ambos compuestos principales. [DMT = dimetíl; MMT = monometíl; T = Triptamina. Dos Amanita–especies contienen trazas inactivas, de bufotenina: 5hidroxiDMT. Aparte de psilocina/psilocibina (equipotentes en términos molares descontando el grupo inactivo del ácido fosfórico: psilocina tiene 1.4–X la potencia de psilocibina, por masa), la bæocistina es también psicóptica (como bufotenina aunque no en Amanita); y seguramente su metabolito, la 4–hidroxiMMT explica esto: aún no sabemos de la psicoactividad de 4–fosforiloxi/4–hidroxiT. Algunos de esos hongos contienen potencialmente un mínimo de cuatro triptaminas visionarias; posiblemente seis, o más (otra triptamina activa, llamada la æruginascina, ha sido aislado de la Inocybe æruginascens). DMT es visionaria, y se conoce de 62 especies, de 13 familias—también la es, la 5–metoxi–DMT (35 especies, tras 7 familias). Amanita porphyria y A. citrina contienen trazas inactivas de 5–hidroxi–DMT (o bufotenina: siendo dimetílserotonina) y 5–metoxi–DMT (u O–metíl–bufotenina)—A. citrina igualmente contiene trazas inactivas de DMT.] 

 

Con Wasson el 11 de octubre de 1962, Hofmann le dio 30 mg de Indocybin™ (seis pastillas de 5 mg de psilocibina) a María Sabina (‘de vacación’ en la temporada seca) quien celebró una velada y después decía que Indocybin™ contenía ‘el espíritu’ de los hongos. Única en la historia de tales investigaciones ‘etnoquímicas,’ fue el bioensayo definitivo: corroborando el trabajo de Hofmann. Él le regaló un frasco de Indocybin™: María decía que entonces podía trabajar igual de invierno. 

 

Estudios posteriores han documentado la existencia de la psilocina/psilocibina, en cerca de 100 especies de hongos, de al menos 14 géneros, de todos los Continentes, menos Antártida. Es aquel género Psilocybe, que ostenta el mayor número: por lo menos 49 especies. Alisto 98 especies en mi Pharmacotheon [1993,1996], que obedecen a los criterios de análisis químico, y/o Bioensayo Psiconáutico; aunque existen otras listas más amplías—partiendo también del criterio de mostrar la reacción de mancharse azul (que resulta por la oxidación de la psilocina: aunque hay especies que contienen psilocibina y no psilocina y que no se manchan azul; igualmente hay otros hongos químicamente distintos que se manchan azul y que no contienen estas triptaminas visionarías). [Cité también 36 especies, de 9 géneros, que contienen la bæocistina; 2 o 3 con nor–bæocistina.] 

 

Antes de los trabajos pioneros de la pareja Wasson, estos hongos fueron del todo desconocidos: suelen ser pequeños e indefinidos y lejos de tener un sabor agradable, así que no habían llamado la atención de cazadores de setas comestibles. Al margen de dos docenas de informes coloniales, de varios usos lúdicos, medicinales y chamánicos, de hongos teonanácatl, o teyhuinti–nanácatl (‘hongos maravillosos,’ ‘hongos embriagantes’) en la Nueva España (México) de los siglos XVI a XVII, del todo recónditos hasta encontrarse divulgados por Wasson, sólo hubo cuatro informes de la literatura científica (micológica y médica), todos de la primera mitad del siglo XX, de unas micosis, o envenenamientos casuales; tres, respecto a especies de Panæolus (género que ostenta aproximadamente una docena de especies psilocínicas): curiosamente, un par de aquellos, por el ‘Panæolus maleza,’ o Pan. subbalteatus (posiblemente incluía también Pan. sphinctrinus), ¡que ocasionalmente infestaba cultivos de champiñones o Agaricus bisporus! Así que dos de nuestros primeros ‘viajes’ modernos ¡partieron de hongos cultivados! [Con presciencia, Aldous Huxley se basaba el tramo de su última novela Island (Isla) de 1962, sobre el uso espiritual de unos hongos ¡cultivados, {Véase abajo.} inspirado por los teonanácatl de María Sabina y la pareja Wasson!] 

 

La auto–experimentación con especies de teonanácatl no tardó mucho en devenirse… Tres años después de aquel artículo de Life, el famoso farsante de la ‘Psicodelia,’ Timothy Leary, [Como lo dijo el mismo Albert Hofmann: “era simpático, aunque un payaso.”] tuvo su primera experiencia visionaria, entre cocteles, al lado de la piscina, de una villa de Cuernavaca, con alguna especie de los hongos de María Sabina. En su libro, modestamente titulado High Priest (o: Sumo sacerdote), Leary la calificaba como: “la experiencia religiosa [sic] más potente” de su vida… y, a poco rato, ¡estaba intentando comprar de Sandoz, 2.5 quilogramos de psilocibina, junto con unos 100 g de la LSD! Sandoz andaba distribuyendo Indocybin™ y Delysid™ por fines serios de usos clínico–experimentales (bajo estas marcas para psilocibina y LSD). Pues Sandoz le pedía alguna licencia de importación, del gobierno estadounidense: así que ¡no vino a más! La misma CIA, del mismo gobierno estadounidense, intentaba igual comprar de Sandoz, 10 quilogramos de LSD, para sus investigaciones de la demencial ‘guerra química no convencional,’ aunque Sandoz les decía que estaban en el negocio de fármacos, que no de armas químicas, así que tampoco (al parecer, estos genios de la CIA ¡no entendían la diferencia entre gramos y quilogramos!: 10 quilos de LSD son ¡100 millones de dosis básicas (100 μg); y los 2.5 quilos de psilocibina representaban 250,000!). [Nada asustados, los de la CIA y el Ejército Estadounidense obligaron a Eli Lilly de Indiana de fabricar LSD (EA–1729 como ‘arma química no convencional’) para sus investigaciones bélicas,

{Casualmente, después de ser el Director de la CIA, ¡George Bush era el Dirigente de Eli Lilly! Entre James Moore, Lilly y otras firmas, consiguieron más de 800 drogas para estos ‘estudios.’}

¡siendo en los años 1950 la primera fabricación ilícita de la LSD: todavía estaba protegido por la patente de Sandoz! De manera paralela (ya que Wasson se rehusó colaborar con ellos), metieron un topo {Que fue el mismo químico James Moore: posteriormente colaborador de la DEA, re la coca.} a su expedición de 1956—el cual logró regresar, con cultivos de varias especies, entonces ¡cultivados en Pennsylvania, ¡a escala industrial!, por productores comerciales de champiñones! O sea: ¡la CIA también fue la pionera, de la producción comercial de estos hongos psilocínicos! De igual manera, los de la CIA fueron los pioneros en llamar los efectos de la LSD, ‘un viaje.’] 

 

Pese a estos tropiezos, [Gilipolleces, quizás viene mejor al caso—aunque intento mantenerme un poco neutral y/o serio.] y después de una década y medio de ‘Jípitecas’ y del ‘turismo fúngico’ a Huautla de Jiménez (aldea de María Sabina) u otros locales de las Sierras Mazateca y Zapoteca, del Estado de Oaxaca, poco a poco, la documentación de especies psilocínicas fuera de México comenzaba a filtrarse hacia millones de Psiconautas en potencial. Yo—entre ellos—disfruté mi primera experiencia con P. cubensis en 1973: recolectado, con mi Prima, de un pastizal no muy lejano de su casa en Miami, La Florida. Me complazco en informar, ¡que no fue “la experiencia religiosa más potente” de mi vida (y—¡que ‘los Santos’ me protejan!—he sufrido muy escasas experiencias religiosas en mi vida: sólo de vez en cuando, de niño, mientras aún vivía mi Abuelo materno frente a quien mi Madre quería fingir permanecer como Católica practicante)! Tres años en adelante (dos pasados en estudios pos–graduados en la UNAM de México), yo había ingerido unas dos docenas de especies psilocínicas, de México y Estados Unidos; tanto así, que aquel año  de 1976, con amigos, organicé la Fúngicos Psicotrópicos: Conferencia y Búsqueda, a la cual yo invité a Wasson, y también a Gastón Guzmán (máximo experto micológico sobre Psilocybe), así como otros científicos. El año 1976 también marcó la primera publicación de ‘libros populares’ y fidedignos sobre los hongos psilocínicos; notablemente dos: 1) mi primer libro, Hallucinogenic Plants of North America, que describió quince especies—de Amanita; Gymnopilus; Panæolus; y Psilocybe; con 21 fotos de la mayoría (diez a color); y 2) Psilocybin: Magic Mushroom Grower’s Guide, que ilustraba ampliamente, con fotos de color, una técnica para cultivar P. cubensis en las ‘Jarras de Mason,’ para conservas caseras (los autores, Jeremy Bigwood, Dennis McKenna, y su hermano Terence, habían adaptado un método para poder producir carpóforos de champiñones a escala de laboratorio: que salió en Mycologia en 1971). Mi conferencia, así como su sucesor más grande de 1977, incluía recolecta campestre e identificación por micólogos–taxónomos; también talleres sobre el cultivo casero de hongos psilocínicos. Desde entonces, el uso no tradicional de hongos psilocínicos se ha extendido por todo el Mundo, y las muestras cultivadas de P. cubensis y/o de otras especies ¡jamás han faltado como especialidades del mercado negro de Psychoptica! Ahora ¡se ha convertido en tradicional este otrora uso no tradicional de los hongos psicópticos! [En castellano: mi libro (sólo dos ediciones en inglés) Plantas alucinogénicas de Norteamérica; y Psilocibina: guía del cultivador de hongos mágicos, por Bigwood y los hermanos McKenna.] 

 

Para la aficionada mal informada, tal ves sea mejor comprar la materia seca de P. cubensis, del Camello del barrio. Para las más aventureras (o tacañas) siempre existe la opción de recolectarlos en el campo, y actualmente existen libros más amplios e internacionales, que fungen como ‘guías de campo.’ Menciono especialmente los de Paul Stamets, [Psilocybe Mushrooms and their Allies, de 1978, o Hongos Psilocybe y sus aliados; y Psilocybin Mushrooms of the World, 1996: Hongos de psilocibina del Mundo.] quien también tiene libros excelentes que tratan del cultivo [Growing Gourmet and Medicinal Mushrooms, 1996, o Cultivando hongos gourmet y medicinales.] (añado que ésta, mi primera conferencia de 1976 fue la primera presentación de Paul Stamets, al Mundo Enteoaficionado—juntos, estudiamos la carrera). Igualmente cito mi libro, de 1978, en base a mi Segunda Conferencia Internacional Sobre Hongos Alucinogénicos (aún no habíamos acuñado el neologismo enteógeno): Teonanácatl: Hallucinogenic Mushrooms of North America, que incluye cultivo casero, y ostenta tres capítulos por Richard Evans Schultes, Albert Hofmann y R. Gordon Wasson, sobre la historia, en boca de los protagonistas, del re–descubrimiento moderno de estos hongos psilocínicos (en 2009, publiqué mi propia traducción, al castellano: Teonanácatl: hongos enteogénicos de Norteamérica, Estudiosos del Tema, Barcelona [limitada, a 1000 ejemplares]). 

 

Ahora bien, hay poco que decir sobre el disfrute de estos hongos psilocínicos, puesto que tantas personas ya atesoran sus propias experiencias. Por lo menos, se puede precisar un poco sobre las muestras desecadas/cultivadas del mercado negro (los hongos silvestres varían tanto de tamaño y concentración de triptaminas que es prácticamente azaroso fijar la dosis). Normalmente aquellos hongos cultivados son de la especie P. cubensis, y deben de contener rumbo a 1%, de triptaminas activas por peso seco—por tanto, un gramo seco representa rumbo a 10 mg de triptaminas, que es una dosis básica o umbral. Diversas especies silvestres pueden variar de entre 0.2 hasta más de 2%, de triptaminas (o sea: de 2 a 20 mg por gramo seco). Uno puede consumirlos frescos o se los puede uno secar, a baja temperatura. Una vez muy secos, se deben de sellar bien, para guardarlos en un congelador (¡no se debe de congelar los hongos frescos!: suelen mancharse súper–azul, tal que el contenido de psilocina se pierde—el congelamiento rompe células y expone la psilocibina a encimas tipo fosforilasas, y en su turno, la psilocina [presente o como resultado de esto] a otras encimas tipo oxidasas). Aunque mancharse azul una muestra fresca, sea señal del contenido de psilocina, igualmente quiere decir que ¡se ha oxidado a un pigmento inactivo! Normalmente, las especies altas en psilocina (en algunas, puede exceder su contenido de psilocibina) son potentes, aunque no se preservan bien. Mejor para la preservación son especies como P. semilanceata, que es cosmopolita en latitudes altas, y que suele no mancharse azul (o escasamente—sólo por el pie del estípite). O, por último: ¡jamás se debe intentar ‘preservarlos’ por meterlos en miel de abeja! Los hongos contienen un 90% de agua, ¡suficiente, como para hacer fermentar a la miel! ¡Puede resultar una aloja alcohólica! Una vez en la Sierra Zapoteca me ofrecieron hongos ‘preservados’ así: ¡un menjunje fermentado, lleno de bichos… para nada apetecible! Estuve asombrado de ver esto, así que pregunté a los vendedores, el por qué habían hecho esto. ¡“Porque así nos los piden los gringos,” me contestaban! [No recuerdo, si habían añadido—es lo más común—“los pinches gringos.”] ¡O! fue otra señal, entre muchas, de cómo las tradiciones se degeneran, ¡al convertirse en baratijas… ¡ay! en chucherías del turismo! Todo mi empeño, por organizar conferencias, por escribir un par de libros sobre la identificación y el cultivo de los hongos (y después, por ingeniar el anahuasca o los análogos de la ayahuasca) se dirigía a evitar tétricos sucesos tales como los ‘Jípitecas,’ y el comercio turístico de las Psychopticæ, como otro género más, de souvenir cutre. En casa por favor ¡disfruta de vuestro warai–take, teonanácatl, chipi kakuljá o ‘setas mágicas’! 

 

San Andrés Tlalnelhuayocan

Finiquitado El Día de Muertos

1º de noviembre de 2022

 

 

 

Bibliografía Anotada con Data Históricos

 

Allegro, J., 1970. The Sacred Mushroom and the Cross. Hodder & Stoughton, London. [Aunque un filólogo orientalista académico, sus argumentos lingüísticos, respecto a la Amanita muscaria, en el Nuevo Testamento (o como ‘Jesús’), los hizo el hazmerreír de sus colegas. ¡Un libro chafa! Allegro jamás publicó la confabulación en una revista científica—¡sólo en News of the World; y subsecuentemente, como ‘bestseller’ tapa blanda: tenía deudas de juego a Mafiosi de Las Vegas,] 

 

Bibra, E.F. von, 1855. Die narkotischen Genußmittel und der Mensch. Verlag von Wilhelm Schmid, Nürnberg. [Hay facsímil moderno. Salió sólo meses después del libro de Johnston. J.O. hizo copiosas anotaciones (tipo actualizaciones) para una traducción inglesa. {Plant Intoxicants: A Classic Text on the Use of Mind–Altering Plants. Traducción por H. Schleiffer, 1995. Healing Arts Press, Rochester, VT.} Ernst von Bibra fue un viajero, y también un ‘Psiconauta,’ ávido.] 

 

Bogoraz, V.G. y W. Jochelson, 1905. Memoir of the American Museum of Natural History, Tomo VI, Partes 1 a 3. American Museum of Natural History, New York. [Informes por antropólogos.] 

 

Chilton, W.S., 1975. “The course of an intentional poisoning.” McIlvainea 2: 17–18. [Mi amigo y profesor informó su ‘Bioensayo Psiconáutico,’ con el ácido iboténico, aislado conjuntamente. Fue el primer ‘viaje’ de Scott (del cual su esposa, la bioquímico prominente, Mary–Dell, estaba dudosa): J.O., ‘guía.’ Juntos en 1976 disfrutamos Psilocybe zapotecorum en la Sierra Zapoteca.] 

 

Chilton, W.S. y J. Ott, 1976. “Toxic metabolites of Amanita pantherina, A. cothurnata, A. muscaria and other Amanita species.” Lloydia 39(2&3): 150–157. [Ahora el Journal of Natural Products. La detección y el aislamiento de aminoácidos isoxazoles a partir de varias Amanitæ.] 

 

Cooke, M.C., 1860. The Seven Sisters of Sleep. Popular History of the Seven Prevailing Narcotics of the World. Blackwell, London. [Cooke no lo mencionaba en su Bibliografía vital. Cubre esencialmente el mismo temático que los dos libros pioneros de Johnston y von Bibra.] 

 

Ditmar, K. von, 1890. Reisen und Aufenthalt in Kamtschatka in den Jahren 1851–1855. Serie 3, Tomo 8, de: Beiträge zur Kenntnis des Russischen Reiches und der angrenzenden Länder Asiens. St. Petersburg. [El primer informe claro, del uso chamánico koriak del mukhomor en Siberia.] 

 

Dodgson, C.L. [‘Lewis Carroll’], 1865. Alice’s Adventures in Wonderland. Macmillan, London. [El éxito excepcional inspiró una secuela: Through the Looking–Glass and What Alice Found There {(A través del espejo y lo que Alice halló allí) Macmillan, London, 1871[2]}.]

 

Douglas, B., 1917. “Mushroom poisoning.” Torreya 17(10): 171–175; 17(12): 207–221. [Este médico cita su micosis, por especie de Panæolus—igual que Murrill, en 1916; Verrill, en 1914. En 1923, otro médico estadounidense postulaba una novedosa categoría, para describir micosis por Panæolus: Mycetismus Cerebralis. {Ford, W.W., 1923. “A new classification of mycetismus (mushroom poisoning).” Transactions of the Association of American Physicians 38: 225–229.}] 

 

Enos, L., 1970. A Key to the American Psilocybin Mushroom. Youniverse, Lemon Grove, CA. [El primer ‘guía de campo,’ aunque fraudulento: es evidente que el autor ¡jamás había visto la mayoría de las especies ilustradas con fantasiosas acuarelas! Aparte de copiar algunas de Heim, del artículo de Life, ¡copiaba dibujos de perfil de artículos micológicos, coloreados de acuerdo a las descripciones verbales de sus colores! No obstante, se hizo tres ediciones {1971, 1972}. No incluye ningunas Amanitæ.] 

 

Furst, P.T., 1976. Hallucinogens and Culture. Chandler & Sharp, Novato, CA. [Traducción cast. por J. Agustín, 1980. Los alucinógenos y la cultura. Fondo de Cultura Económica, México. El autor se apoya extensamente en ‘la Teoría–Wasson’—del origen siberiano de nuestra Cultura.] 

 

Gelpke, R., 1962. “Von Fahrten in den Weltraum der Seele: Berichte über Selbstversuche mit Delysid (LSD) und Psilocybin (CY).” Antaios 3(5): 393–411. [Amigo de Albert Hofmann, y un filólogo orientalista. Aquí tenemos algunas de las mejores descripciones de ‘la enteognosia’: que J.O. tradujo al inglés. {“On travels in the universe of the soul: Reports on self–experiments with Delysid (LSD) and psilocybin (CY).” Journal of Psychoactive Drugs 13(1): 81–89, 1981.}] 

 

Ghouled, F.C., 1972. Field Guide to the Psilocybin Mushroom—Species Common in North America. Guidance Publications, New Orleans, LA. [El segundo ‘guía de campo,’ y primero con fotos a color; aunque el autor confundió P. cubensis y Pan. subbalteatus (los únicos ilustrados: ambos identificados como P. cubensis). Es más, el autor ignoró las Amanitæ completamente.] 

 

Haard, R. y K. Haard, 1975. Poisonous and Hallucinogenic Mushrooms. Cloudburst Press, Seattle, WA. [El primer ‘guía de campo’ escrito por un micólogo, con numerosas fotos de color. No obstante, están equivocadas algunas de las identificaciones taxonómicas. Incluye Amanitæ.] 

 

Heim, R. y R.G. Wasson, 1958. Les champignons hallucinogènes du Mexique. Études ethnologiques, taxinomiques, biologiques, physiologiques et chimiques. Archives du Muséum National d’Histoire Naturelle, Serie 7, Tomo VI, Paris. [Cultivo, y la química de Hofmann.] 

 

Heim, R. et al., 1967. Nouvelles investigations sur les champignons hallucinogènes. Muséum National d’Histoire Naturelle, Paris. [Resume algunos estudios químicos nuevos de Hofmann.] 

 

Hofmann, A., 1979. LSD—mein Sorgenkind. Klett–Cotta, Stuttgart. [J.O. lo tradujo al inglés, junto con su Einsichten Ausblicke {por Sphinx Verlag, Basel, 1986: LSD: My Problem Child / Insights/Outlooks. Oxford University Press, Oxford, 2013}. La primera edición de mi traducción apareció en 1980: McGraw–Hill, New York. Describe sus descubrimientos de LSD y psilocina.] 

 

Hofmann, A. et al., 1958. “Psilocybin, ein psychotroper Wirkstoff aus dem mexikanischen Rauschpilz Psilocybe mexicana Heim.” Experientia 14(3): 107–109. [El informe pionero.] 

 

Hofmann, A. et al., 1959. “Psilocybin und Psilocin, zwei psychotrope Wirkstoffe aus mexikanischen Rauschpilzen.” Helvetica Chimica Acta 42: 1557–1572. [Síntesis/estructuras.] 

 

Huxley, A., 1962. Island. Harper, New York. [Su último: murió el día del asesinato de Kennedy. Huxley practicaba algo de su novela—ingirió dos dosis, de 100 μg de la LSD, mientras moría.] 

 

Imai, S., 1932. “On Stropharia cærulescens, a new species of poisonous toadstool.” Transactions of the Sapporo Natural History Society 12(3): 148–151. [Unas micosis, por Psilocybe venenata: el único, pre–Wassons, que señalaba la psicoactividad de las especies de Psilocybe/Stropharia.] 

 

Imazeki, R., 1973. “Japanese mushroom names.” The Transactions of the Asiatic Society of Japan, Tercera Serie 11: 26–80. [Reseña el folclor japonés respecto a los hongos psicópticos.] 

 

Johnston, J.F., 1855. The Chemistry of Common Life. Dos tomos. Edinburgh, Scotland. [Fue un súper–ventas, con un mínimo de 18 ediciones, y dos revisiones, por otros autores. Yo atesoro la novena edición: D. Appleton & Co., New York, 1857. Fue el comienzo de ‘la etnofarmacognosia chamánica’ e igual el libro pionero, del inmenso campo actualmente llamado ‘la bio–química.’] 

 

Jünger, E., 1970. Annäherungen: Drogen und Rausch. E. Klett Verlag, Stuttgart. [Trad. castellana por E. Ocaña, 1996. Aproximaciones: drogas y ebriedad. Anagrama, Madrid. Júnger, Centenario, fue el mejor amigo de Albert Hofmann. En esta bitácora de viajes, acuño Psychonauten, para los viajeros en el Psychocosmos (nosotros Psiconautas explorando el Psicocosmos). Su libro incluye numerosos viajes psiconáuticos con Hofmann, por medio de su Delysid™ e Indocybin.™] 

 

La Barre, W., 1979. “Shamanic origins of religion and medicine.” Journal of Psychedelic Drugs 11(1–2): 7–11. [Trabajo presentado durante mi tercera conferencia, luego editado en el extracto (Ott 1979). La Barre adoptó con avidez las teorías de Wasson; igual que su libro de 1970: The Ghost Dance: The Origins of Religion {Doubleday, Garden City, NJ}.] 

 

Leary, T., 1968. High Priest. The World Publishing Co., New York. [¡Una sarta de fanfarronería mentecata y megalómana! Aparte de marginalia, de citas de Wasson, no tiene nada útil de leer.] 

 

Lowy, B., 1974. “Amanita muscaria and the thunderbolt legend in Guatemala and Mexico.” Mycologia 66: 188–191. [Conecta los quiché actuales con aquellos de la época del Popol Vuh.] 

 

Murrill, W.A., 1916. “A very dangerous [sic] mushroom.” Mycologia 8(1): 186–187. [Micosis por un hongo cultivado, el ‘Panæolus maleza’: el segundo informe de una micosis psilocínica.] 

 

Oss, O.T. y O.N. Oeric, 1976. Psilocybin: Magic Mushroom Grower’s Guide. And/Or Press, Berkeley, CA. [Los seudónimos son de Dennis y Terence McKenna; Jeremy Bigwood es ‘I.T. Obscure.’ Aunque un dope–book cutre y penco, fue un súper–ventas, con numerosas ediciones.] 

 

Ott, J., 1976. “Psycho–mycological studies of Amanita—from ancient sacrament to modern phobia.” Journal of Psychedelic Drugs 8(1): 27–35. [Una reseña con encuesta del uso moderno.] 

 

Ott, J., 1976. Hallucinogenic Plants of North America. Wingbow Press, Berkeley, CA. [Edición revisada, de 1979. No existen traducciones. Este libro lo compuse como proyecto universitario. Incluye (ambas están ilustrados con fotos a color) Amanita muscaria y A. pantherina.] 

 

Ott, J., 1976. Psychotropic Fungi: Conference and Foray. [Pequeña conferencia celebrada en el Millersylvania State Park, Tenino, WA: entre el 29 y el 31 de octubre; habían diez ponentes, en total; entre ellos: R. Gordon Wasson; Gastón Guzmán; W. Scott Chilton; J.O.; y Paul Stamets.] 

 

Ott, J., 1977. The Second International Conference on Hallucinogenic Mushrooms. [Reunión mayor realizada en Fort Worden State Park, Port Townsend, WA: entre el 27 y el 30 de octubre. De ponentes hubo: Wasson; Albert Hofmann; Richard Evans Schultes; Chilton; J.O.; ocho más. Dos libros—Teonanácatl (Ott y Bigwood 1978), y El camino a Eleusis (Wasson et al. 1978)—salieron el próximo año, a partir de esta conferencia.] 

 

Ott, J., 1978. Hallucinogens, Shamanism and Modern Life. [O: Alucinógenos, Chamanismo y la Vida Moderna. Conferencia organizada en el Japan Center Theatre, San Francisco, CA: entre el 28 de septiembre y el 1 de octubre. Aparte de Wasson, Hofmann, Schultes y Chilton, de ponentes había: Alexander Shulgin; Bo Holmstedt; Weston La Barre; Stanislav Grof; J.O.; otros seis más. Extracto editado como número doble, Journal of Psychedelic Drugs (vide: Ott 1979).] 

 

Ott, J. [Red.], 1979. Hallucinogens, Shamanism and Modern Life. Journal of Psychedelic Drugs 11(1–2): 1–149. [Extracto de conferencia epónima, de San Francisco: 28 sept. al 1 oct., 1978. En este número, lanzamos el neologismo “Entheogens” {Ruck, C.A.P. et al., 11(1–2): 145–146}.] 

 

Ott, J., 1993. Pharmacotheon: Entheogenic Drugs, their Plant Sources and History. Natural Products Co., Kennewick, WA. [Segunda Edición Densificada, 1996. Van cuatro impresiones en castellano {Traducción por J. Ribas, 1996. Pharmacotheon: drogas enteogénicas, sus fuentes botánicas y su historia. Los Libros de la Liebre de Marzo, Barcelona.}. Un libro enciclopédico.] 

 

Ott, J., 1994. Ayahuasca Analogues: Pangæan Entheogens. Natural Products Co., Kennewick, WA. [Traducciones al alemán, 1995, por MedienXperimente, Heidelberg; al castellano, por J.O., 2006. Análogos de la ayahuasca: enteógenos pangeicos. Ediciones Amargord, Madrid.] 

 

Ott, J. y J. Bigwood [Red.], 1978. Teonanácatl: Hallucinogenic Mushrooms of North America. Madrona Publishers, Seattle. [Hay dos traducciones al castellano: Editorial Swan, San Lorenzo de El Escorial, 1985; Estudiosos del Tema, Barcelona, 2009. ¡La primera traducción es fatal! De co–autores tiene: R. Gordon Wasson; Albert Hofmann; Richard Evans Schultes; y Andrew Weil. Esta segunda edición en castellano es traducción propia de J.O. (su re–composición, más bien). Incluye Claviceps purpurea, aunque ninguna especie de Amanita. De la conferencia (Ott 1977).] 

 

Ott, J. et al., 1975. “Fate of muscimol in the mouse.” Physiological Chemistry and Physics 7: 381–384. [Metabolismo urinario del (semi–sintético: radiactivo, tritiado) muscimól en el ratón.] 

 

Patkanov, S.K., 1897. Die Irtysch–Ostjaken und ihre Volkspoesie. St. Petersburg. [{Los irtish–ostiak y su poesía folclórica.} Documenta el uso chamánico del mukhomor entre este pueblo.] 

 

Puharich, A., 1959. The Sacred Mushroom: Key to the Door of Eternity. Doubleday, New York. [El farsante de Puharich supuestamente había cultivado Amanita muscaria, ¡sobre estiércol de burro a la vez que ostensiblemente encontró la atropina en aquellos hongos! ¡Basaba sus ‘datos’ (de un fantaseado uso del hongo entre los antiguos egipcios, o ¡yo que sé!), sobre ‘trances’ de un supositicio ‘psíquico’ (¿tranzas más psicóticas que psicópticas?)! En 1955 Puharich pretendía un nexo ‘telepático’ entre Wasson, en México, y él, en su ‘laboratorio’ de Maine: aunque Wasson no quiso tener nada que ver con semejante pseudo–ciencia, y se rajó. ¡Éste es un libro chafísimo!

 

Reko, B.P., 1919. “De los nombres botánicos aztecas.” El México antiguo 1(5): 113–157. [Fue el primero, en citar el uso sobreviviente del teonanácatl en México. Hizo recolecta de las primeras muestras para un estudio químico y, con R.E. Schultes, igual las primeras muestras del herbario. {Traducción inglesa por J.O., 1996. On Aztec Botanical Names. VWB, Berlin.}] 

 

Sahagún, B. de, [1569] 1982. Historia general de las cosas de Nueva España. Editorial Porrúa, México. [Es una versión auto–censurada: que el mismo autor cayó bajo sospecha (por simpatía con los indígenas) del Santo [¡sic!] Oficio de la Inquisición. El hológrafo (Códice Florentino), escrito en náhuatl, sólo ha sido traducido al inglés, ¡en Los Estados Unidos! ¿Pinches gringos? {Dibble, C.E. y A.J.O. Anderson, 1950–1969. Florentine Codex: General History of the Things of New Spain by Fray Bernardino de Sahagún. Doce Tomos. University of Utah Press, Salt Lake City, UT.} ¡Aquellos gringos habían traducido también su precursor: los Primeros memoriales!

 

San Antonio, J.P., 1971. “A laboratory method to obtain fruit from cased grain spawn of the cultivated mushoom [sic] Agaricus bisporus.” Mycologia 63: 16–21. [Origen del cultivo casero.] 

 

Schmiedeberg, O. y R. Koppe, 1869. Das Muscarin: das giftige Alkaloïd des Fliegenpilzes (Agaricus muscarius L.) [sic]. Seine Darstellung, chemischen Eigenschaften, physiologischen Wirkungen, toxikologische Bedeutung und sein Verhältnis zur Pilzvergiftung im allgemeinen. Verlag von F.C.W. Vogel, Leipzig. [Cast.: La muscarina: el alcaloide venenoso del matamoscas (Agaricus muscarius L.). Su producción, sus propiedades químicas, acciones fisiológicas, su significado toxicológico y su relación con el envenenamiento por hongos en general. El primer estudio químico de la Amanita muscaria.] 

 

Schultes, R.E., 1939. “The identification of teonanacatl, a narcotic Basidiomycete of the Aztecs.” Botanical Museum Leaflets Harvard University 7(3): 37–54. [Aquí hay la pionera identificación botánica del teonanácatl, recolectado en 1938, por Schultes y Blas Pablo Reko. Aunque Schultes lo identificó con Panæolus sphinctrinus (especie psilocínica, nunca más recolectada como algún hongo chamánico) su muestra del herbario fue mixta, y contenía también Psilocybe cubensis, y P. cærulescens (derrumbes): especies ampliamente documentadas como embriagantes chamánicos.] 

 

Stamets, P., 1978. Psilocybe Mushrooms and their Allies. Homestead Book Co., Seattle. [Como indican los títulos, ni este, tampoco el siguiente libro de Stamets cubrió las especies de Amanita.] 

 

Stamets, P., 1996. Psilocybin Mushrooms of the World. Ten Speed Press, Berkeley, CA. 

 

Stamets, P., 1996. Growing Gourmet and Medicinal Mushrooms. Ten Speed Press, Berkeley, CA. 

 

Strahlenberg, F.J. von, [1730] 1736. An Historical–Geographical Description of the North and Eastern Parts of Europe and Asia; But More Particularly of Russia, Siberia, and Great Tartary. London. [El original sueco, de Estocolmo, en 1730. La primera publicación sobre mukhomor.] 

 

Takemoto, T. et al., 1964. “Studies on the constituents of indigenous fungi II: Isolation of flycidal constituent from Amanita strobiliformis.” Yakugaku Zasshi 84(12): 1186–1188. [Fue el primer aislamiento del ácido iboténico a partir de ibo–tengu–take: sin Bioensayo Psiconáutico. Casi simultaneamente, ácido iboténico fue aislado en England {Bowden, K. y A.C. Drysdale, 1965. Tetrahedron Letters 6(12): 727–728}, y en Suiza {Eugster, C. et al., 1965. Ibid. 6(23): 1813–1815}; en ambos casos, a partir de Amanita muscaria (beni–tengu–take en japonés).] 

 

Verrill, A.E., 1914. “A recent case of mushroom intoxication.” Science 40: 408. [Por ‘Panæolus maleza’ cultivado: fue el primer informe de una micosis con una especie psilocínica de hongos.] 

 

Wasson, R.G., 1957. “Seeking the Magic Mushroom.” Life 42(19): 100 et seq. [Número del 13 de mayo. {“En busca de los hongos mágicos.” Life en español, del 3 de junio, del mismo año.}] 

 

Wasson, R.G., 1968. Soma: Divine Mushroom of Immortality. Harcourt Brace Jovanovich, New York; y Mouton and Co., den Haag, Nederland. [Identifica soma del Rg Veda con A. muscaria.] 

 

Wasson, R.G., 1973. “Mushrooms and Japanese culture.” The Transactions of the Asiatic Society of Japan, Tercera Serie 11: 5–25. [Reseña el conocimiento tradicional sobre hongos psicópticos.] 

 

Wasson, R.G., 1980. The Wondrous Mushroom: Mycolatry in Mesoamerica. McGraw–Hill, New York. [Trad. castellana por F. Garrido, 1983. El hongo maravilloso: teonanácatl. Micolatría en Mesoamérica. Fondo de Cultura Económica, México. Resume tres décadas de sus estudios.] 

 

Wasson, R.G. et al., 1974. María Sabina and her Mazatec Mushroom Velada. Harcourt Brace Jovanovich, New York. [Edición limitada a 250 ejemplares: con cuatro discos fonográficos de la grabación entera de una ceremonia chamánica; con transliteración en mazateco; traducciones al inglés y castellano; la partitura música; y escuetas notas etnomusicológicas y etnomicológicas.] 

 

Wasson, R.G., A. Hofmann y C.A.P. Ruck, 1978. The Road to Eleusis: Unveiling the Secret of the Mysteries. Harcourt Brace Jovanovich, New York. [Trad. castellana por F. Garrido, 1980. El camino a Eleusis: una solución al enigma de los Misterios. Fondo de Cultura Económica, México. El kykeon como pócima visionaria: presentado primero en mi conferencia (Ott, 1977). La traducción de “Entheogens” (vide: Ott, 1979; Ruck et al. 1979) se incluyó como Apéndice.] 

 

Wasson, R.G. et al., 1986. Persephone’s Quest: Entheogens and the Origins of Religion. Yale University Press, New Haven, CT. [Traducción castellana por O. Álvarez, 1992. La búsqueda de Perséfone: enteógenos y los orígenes de la religión. Fondo de Cultura Económica, México. Es un resumen de su medio siglo de estudios de ‘la etnomicología.’ J.O. co–autor, con un capítulo “Carved ‘disembodied eyes’ of Teotihuacan,” pp. 141–148. {Originalmente editado con la co–autoría de R.G. Wasson: Botanical Museum Leaflets Harvard University 29(4): 387–400, 1983.}] 

 

Wasson, R.G. et al., ¿2020? [Programada publicación, de una edición ¡de sólo tres ejemplares! Contiene por lo menos tres partes: “Supporting evidence,” por R.G. Wasson; “The Miskwedo of the Ahnishinaubeg,” por K.M. Peschel; y “A Mushroom Ceremony,” por R. Kaplan. La parte de Wasson es similar (o idéntico) a su “Traditional use in North America of Amanita muscaria for divinatory purposes.” Journal of Psychedelic Drugs 11(1–2): 25–28, 1979. Puede aplicarse igual, a Keewaydinoquay {o K.M. Peschel}: “The legend of Miskwedo.” Journal of Psychedelic Drugs 11(1–2): 29–31, 1979. Estos tres trabajos forman parte de un extracto de mi tercera conferencia, en San Francisco: Hallucinogens, Shamanism and Modern Life (Ott 1978, 1979). Aquellos tres autores presentaron este libro: que incluye una voluta tradicional, pintada por Keewaydinoquay M. Peschel, sobre trozos de corteza de abedul, en la escritura arcaica ahnishinaubeg..] 

 

Wasson, V.P., 1957. “I ate the sacred mushroom.” This Week Magazine; 19 de mayo: 8 et seq. [Un bioensayo psiconáutico por una médico: suplemento dominical a los periódicos, distribuido de manera nacional. Valentina P. Wasson aparece sobre la portada, luciendo su bata de médico.] 

 

Wasson, V.P. y R.G. Wasson, 1957. Mushrooms Russia and History. Pantheon Books, New York.

[Cuando salió este libro y el artículo Life, era yo un niño de siete años: vivía entonces en Italia.] 

 

Wasson, V.P. y R.G. Wasson, 1957. Mushroom Ceremony of the Mazatec Indians of Mexico. Folkway Records, New York. [LP de vinilo, con una parcial transcripción y traducción, por E.V. Pike y S.C. Gudschinsky. La velada chamánica fue grabada, sobre alambre, el verano de 1956.] 

 

Wells, H.G., 1896. “The Purple Pileus.” Black & White Magazine; número diciembre. [Más de 6 décadas antes de los Wasson, Wells publicaba este cuento, sobre un hombre tímido y recatado, un marido importunado, que desea suicidarse, por comer un hongo morado. Resulta psicotrópico, que no mortal y ¡lo convierte en un Bestia! Wells obviamente tenía Amanita muscaria en mente.] 

 

Ximénez, F., Siglo XVIII [Trad. por D. Tedlock, 1985]. Popol Vuh. The Definitive Edition of the Mayan Book of the Dawn of Life and the Glories [¡sic!] of Gods and Kings. Simon & Schuster, New York. [Por el comienzo del siglo XVIII, Ximénez transliteró este texto quiché—mismo, que le fue dictado oralmente por algún/os informante/s quiché. Documento único del mundo maya.] 

 

Appendix: Binomios Taxonómicos y Nombres Vulgares

 

Agaricus bisporus (Lange) Singer [champignons, champiñones, funghi, mushrooms, Pilzen

 

Amanita citrina (Schaeffer) Gray [especie triptamínica (de trazas)] 

 

Amanita cothurnata Atkinson [especie iboténica

 

Amanita gemmata (Fries) Giller [especie iboténica

 

Amanita muscaria (Linnæus ex Fries) Persoon ex Gray [beni–tengu–take, hongo matamoscas, miskwedo, soma/aja ekapad, toadstool, tzontecomananácatl (especie iboténica)] 

 

Amanita pantherina (De Candolle ex Fries) Secretan [Pantherpilz, tengu–take (especie iboténica)] 

 

Amanita phalloides (Vaillant ex Fries) Secretan [death caps (letal [amatoxinas/phallotoxinas])] 

 

Amanita porphyria (Albertini et Schweinitz ex Fries) Secretan [especie triptamínica (de trazas)] 

 

Amanita regalis (Fries) R. Maire [especie iboténica

 

Amanita strobiliformis (Paul) Quélet [ibotengu–take (la especie iboténica epónima)] 

 

Claviceps purpurea (Fries) Tulasne [cornezuelo, ergot, seigle ivre, Tollkorn (especie lisérgica)] 

 

Grifola frondosa Gray [mai–take (especie no conocidamente psicóptica)] 

 

Gymnopilus spectabilis (Fries) Smith [o–warai–take (especie psilocínica)] 

 

Inocybe æruginascens Babos [especie psilocínica (también contiene la epónima æruginascina)] 

 

Nicotiana rustica Linnæus / Nicotiana tabacum Linnæus [piciétl / quauhyetl, yetl (los tabacos, fuentes epónimas de la nicotina)] 

 

Panæolus campanulatus (Fries) Quélet [teonanácatl, warai–take (especie psilocínica)] 

 

Panæolus campanulatus Linnæus var. sphinctrinus (Fries) Bresadola [teonanácatl, warai–take (especie psilocínica)] 

 

Panæolus sphinctrinus (Fries) Quélet [teonanácatl, warai–take (especie psilocínica)] 

 

Panæolus subbalteatus (Berkeley et Broome) Saccardo [Panæolus maleza, weed–Panæolus (especie psilocínica): fuente de los primeros ‘viajes’ modernos no tradicionales] 

 

Phragmites australis (Cavanilles) Trin. ex Steud. [ácatl (gramínea con triptaminas visionarias); los mexicas fumaban estos canutos embutidos de tabaco y toda suerte de Psychoptica: entre ellos la Amanita muscaria o tzontecomananácatl, ‘hongo calavera’] 

 

Pleurotus ostreatus (Jacquin ex Fries) Kummer [oyster mushroom, seta ostra (especie con ácido tricholómico)] 

 

Psilocybe cærulescens Murrill [derrumbes, di–shi–thó–ki–shó (especie psilocínica)] 

 

Psilocybe cubensis (Earle) Singer [di–shi–thó–le–rra–ja, San Isidro Labrador (especie psilocínica): sinónimo de Stropharia cubensis Earle] 

 

Psilocybe mexicana Heim [di–nizé, pajarito (especie psilocínica) fuente epónima de psilocibina

 

Psilocybe semilanceata (Fries ex Secretan) Kummer [liberty caps (especie psilocínica)] 

 

Psilocybe venenata (Imai) Imazeki et Hongo [shibire–take (especie psilocínica): Imai informó una micosis con esta especie en 1932, bajo el sinónimo Stropharia cærulescens Imai] 

 

Psilocybe zapotecorum Heim [cui–ya–jo–o–tno, hongo de pura risa, piule de barda (especie psilocínica)] 

 

Stropharia cærulescens Imai [shibire–take (especie psilocínica): sinónimo de Psilocybe venenata citado por Imai en 1932 por provocar una micosis

 

Tricholoma muscarium Kawamura [haetori–shimeji u ‘hongo matamoscas’ (especie iboténica y [la epónima] tricholómica): utilizada en Japón para matar moscas y como alzador de sabores] 

 

Tricholomopsis rutilans (Schaeffer ex Fries) Singer [sabor–alzador (especie tricholómica)] 

 

Turbina corymbosa (Linnæus) Rafinesque [coaxihuitl, raxa kakuljá (las semillas: ololiuhqui, semillas de la virgen, xtabentún; la fuente de la amida del ácido lisérgico {LA–111 o ergina} y otras lisergamidas psicópticas): la planta en sí (un ‘Dondiego de Día’), en náhuatl es coaxihuitl o cóatlxoxouhqui, ‘planta–serpiente’; ololiuhqui significa ‘la cosa redonda’; sinónimos comunes en la literatura científica son: Rivea corymbosa (Linnæus) Hallier fil.; y Ipomœa sidæfolia Choisy… esa fue la planta psicóptica de mayor uso y visibilidad, en la Nueva España, por la época de la Conquista. En 1961, Albert Hofmann aisló la ergina y otras lisergamidas, como los principios activos. Ya había bioensayado la ergina en los 1940, como un derivado de la LSD, la LA–111.] 

 

*Este articulo es parte del libro “Hongos Psicoactivos de Chile” (2023) 

de Fundación Lobeliana.